Jue. Jun 23rd, 2022


Justo, la víspera de este 11 de enero, un operativo militar en los alrededores del Tribunal Provincial de Villa Clara, en Santa Clara, se desplegó ante la llegada de los familiares de Andy García Lorenzo, uno de los presos políticos del 11J en ese territorio, para el comienzo del juicio.

De acuerdo con las fotos y videos compartidos en redes sociales por los allegados al detenido y por la activista Saily González Velázquez, policías uniformados, miembros de las tropas especiales, un grupo de paramilitares y agentes de la policía política vestidos de civil rodearon el edificio, cuyo acceso desde la calle se encuentra además delimitado con precinta.

Sobre el caso específico de García Lorenzo, su hermana denunció que ha sido «sometido a torturas, golpizas, amenazas de hasta 30 años de condena y a ser fusilado si no se retracta de su posición de conciencia».

Los cien juicios como mínimo realizados en diciembre del 2021 y que continúan este año, responden a la necesidad de atenuar esa mala imagen en lo posible, sin tener que renunciar al encarcelamiento de las figuras más incómodas sin celebrarles juicio, como demuestra que se haya juzgado a varios participantes en las protestas del 11J, pero no a Otero Alcántara.

DIARIO DE CUBA sostiene que la dictadura cubana necesita salir de los acusados por las protestas del 11J, que constituyeron un hecho sin precedentes dentro de la “Revolución” y acapararon la atención mediática. A la vez, la represión policial generó una profunda repulsa no solo hacia el interior del país, sino a nivel internacional.

Tras medio año del histórico alzamiento popular, el 11J continúa acaparando una atención que incomoda al régimen. Aunque impide el acceso del público a los juicios —solo pueden estar presentes los familiares de los acusados, lo que infringe el principio de publicidad del debate penal e invalida de facto la garantía del debido proceso—, no puede mantener los procesos en secreto. Cada petición fiscal, cada juicio y cada sentencia generan noticias en la prensa independiente cubana, que lee un número cada vez mayor de cubanos.

Entretanto, la política de la mayoría demócrata en EEUU ha sido limitada a unos exiguos parlamentos y peticiones verbales, mientras la dictadura se ensañaba contra los opositores y sociedad civil, alardeaba de ello y luego se escudaba, fiel a su lamento histórico a echarles todas las culpas de su desgobierno e ineficiencia al embargo norteamericano, el bloqueo.

De hecho, el resumen de los acontecimientos generados a partir del 11 de julio, y de lo que significa el despertar de todo un pueblo y de lo que representaría un papel más activo por parte del gobierno estadounidense lo expuso, pocos días después de las protestas el senador Marco Rubio: “Hemos escuchado más sobre Cuba en la última semana que probablemente los diez años que he estado aquí. Y la Casa Blanca, después de tener algún tipo de reunión o conferencia telefónica, salió y dijo que van a estar mirando las remesas y aumentando y facilitando la entrega de dinero a los familiares en Cuba. Eso no es sorprendente: las personas a cargo de la política hacia Cuba en la Casa Blanca, en el Consejo de Seguridad Nacional y en el Departamento de Estado, han sido durante mucho tiempo defensores del diálogo con el régimen y una apertura económica, han querido deshacerse del embargo y ese tipo de cosas. La pregunta fundamental que se nos plantea es: ¿La gente de Cuba está sufriendo, el pueblo de Cuba atraviesa un momento económico difícil? Yo diría que lo han hecho durante 62 años. ¿Por qué no nos deshacemos del embargo? Les haría la vida más fácil”.

Rubio aclaró: “La ley que codificó el embargo tiene una cláusula que dispara automáticamente el fin de este. ¿Y quiere saber cuál es este estricto estándar que está en esta ley? Liberen a los presos políticos, prensa libre, elecciones libres, justas y multipartidistas. El régimen hace esas tres cosas y el embargo termina automáticamente.

Precisamente, parte de la controversia actual surge por la oponente del senador en los comicios de medio término. Puesto que la rival de Rubio, la representante Val Demings, quien se postula al Senado para el escaño que actualmente ocupa el senador, antes del 11J mantuvo una postura prácticamente nula respecto a la realidad de Cuba, para después lanzarse a una serie de argumentos a favor, supuestamente del pueblo cubano que ya era pisoteado en las calles de la isla. Las personas tienen el derecho a cambiar siempre que el cambio sea legítimo y no parte de una estrategia. Si este fuera el caso, bienvenido sea, un aliado político para el pueblo de Cuba, ocupe un escaño o no.

Rubio fue tajante en el Senado: “El pueblo de Cuba no salió a las calles, no les partieron la cabeza, no arrestaron y encarcelaron a sus hijos (por protestar por el embargo). Se pusieron de pie porque querían libertad. Libertad. Eso es lo que querían. Eso es lo que nos están diciendo. ¿Por qué no los escuchamos? Nos han dicho lo que quieren. Quieren libertad, quieren libertad, y si hay personas en esta tierra que deberían entender eso, deberíamos ser nosotros”.

Pero no solo el senador Rubio es el único crítico al comportamiento de Biden y su administración. Emilio Estefan recriminó: “Las muertes que están ocurriendo en Cuba van a quedar en la historia de la administración Biden, si no hace nada. Este es el momento en el que el presidente puede impulsar un cambio para resguardar la democracia en el mundo”.

Por su parte la congresista María Elvira Salazar, mostró su desacuerdo con la administración del presidente Joe Biden, por su respuesta a las protestas que se desataron el pasado 11 de julio en Cuba. “Estoy muy disgustada porque la respuesta de la administración ha sido tímida, mala, y es una falta de respeto al exilio cubano”, dijo Salazar.

La congresista agregó que “lo único que los cubanos están pidiendo es libertad. No están pidiendo que se quite el embargo, que traigan vacunas, ni que les den comida. Esas voces las tiene que escuchar la administración”.

“Ayudémoslos”, concluyó.

En las masivas protestas del pasado 11 de julio, muchos cubanos gritaron “tenemos hambre”, o exigieron medicamentos y vacunas. Pero, sobre todo, repitieron gritos de “libertad” y “abajo la dictadura”. La reacción inmediata de la dictadura fue tratar de deslegitimar y sofocar con todos los medios represivos posibles.

“La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios”, ordenó ese día el gobernante Miguel Díaz-Canel. Y dio luz verde así -tanto a las fuerzas del orden como a sus partidarios- para los ataques de cubanos contra cubanos.

Las cifras son escalofriantes: más de 800 detenidos, presos políticos con largas condenas o a la espera de ellas por el solo hecho de pensar diferente. El 11 de Julio fue el resultado del anterior 27 de noviembre de 2020 o el posterior 15 del mismo mes, pero del 2021. Muestras de un descontento que poco a poco hará que el régimen se quede sin calendario.

Hacer más depende de todos, no solo de funcionarios electos. Compromiso y proactividad podrían ser denominadores comunes del exilio.





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