Lun. Jun 27th, 2022


Lo anterior se deduce de una investigación devenida en libro que ha encendido la discusión sobre el tema. Infraganti: cómo las élites estadounidenses se enriquecen ayudando a China a ganar, es su título. ¿El autor? Peter Schweizer, presidente del Government Accountability Institute, consultor político y escritor bestseller de «The New York Times».

Los «silenciosos y entusiastas de Pekín»

En su recién publicado libro, considerado por él mismo como «la investigación más aterradora que jamás haya realizado en un cuarto de siglo como periodista de investigación», Schweizer no sólo compromete a gurús de Silicon Valley y personas en Wall Street, sino también a la propia familia presidencial, entre otras importantes figuras.

Según él, las compañías y personalidades involucradas no han hecho más que sacrificar la seguridad de nuestro país a cambio de su acceso al mercado chino y su consiguiente enriquecimiento. Por tanto, «deberían estar avergonzados», señaló, enfático, durante una entrevista con EpochTV, resumida por «The Epoch Times».

Para el exitoso autor, está claro que Pekín no tiene necesidad de presionar a nadie en función de sus intereses, pues ya «hay muchos poderosos en EEUU que cabildean en su nombre». Una cruda realidad que, sin duda, pone a la nación asiática en el lugar perfecto para convertirse en la principal superpotencia mundial.

«A menos que empecemos a tomar medidas radicales, perderemos; perderemos porque nuestras élites estarán felices de vender, recoger su dinero y ubicarse en posiciones ventajosas para las generaciones venideras», remarcó el también autor de Clinton Cash.

Aunque matizó diciendo que eso no necesariamente significa que el Partido Comunista Chino (PCCh) ocuparía EEUU; sí remarcó que nuestra nación, como la conocemos hoy, será muy distinta en el futuro, ya que «la vida aquí estará muy influenciada por lo que quiera el régimen de Pekín».

La impunidad de Hunter Biden, el hijo del presidente Joe Biden

Si bien desde hace tiempo se habla de los nexos de Hunter Biden con China, sus controversiales negocios y sus no menos polémicos ingresos, Schweizer dijo en su obra que «hay razones importantes para que Pekín quiera que sus lazos comerciales con la familia Biden sigan ocultos».

Para hacer tal afirmación, se basó en las palabras del académico chino Di Dongsheng, cuando en referencia a los negocios de Hunter, dijo: «Hay transacciones de venta directa involucradas aquí, por lo que creo que, en este momento en particular, es de valor estratégico y táctico para nosotros mostrar buena voluntad».

Está clarísimo que la “buena voluntad” a la que se refirió Dongsheng —quien, para más inri, trabajó con órganos de propaganda del Gobierno de su país difundiendo materiales; incluso, dentro de EEUU, no es más que el silencio cómplice entre ambas partes a fin de conseguir sus específicos fines.

Pero eso no es todo: el propio Dongsheng se jactó de que «Beijing tiene viejos amigos dentro del círculo de poder de EEUU». Y claro que los tiene. Según la investigación de Schweizer sobre los Biden, a quienes les dedicó todo un capítulo de su flamante libro, no solo Hunter ha estado implicado en estos escandalosos asuntos.

Otros integrantes de la familia han establecido relaciones financieras también, ansiosos por sacar provecho de esos negocios lucrativos, dijo el autor, a lo que agregó: «La nueva evidencia deja en claro que esta familia recibió unos 31 millones de dólares de empresarios chinos vinculados con altos niveles de inteligencia china durante y después del mandato de Joe Biden como vicepresidente».

Aportando varias pruebas y evidencias acerca de las implicaciones de la ahora familia presidencial, el consultor político dijo que Hunter y Joe tenían finanzas entrelazadas, dejando entrever de este modo cómo el inquilino de la Casa Blanca se ha visto salpicado por el escándalo.

Otra cosa que llamó poderosamente la atención, es el descubrimiento de que el otrora número dos del Gobierno estadounidense solía «reunirse con los clientes de su hijo, particularmente, los de China y Ucrania, en encuentros celebrados extraoficialmente». Cabría preguntarnos entonces, ¿a qué venía tanto misterio si no había nada que ocultar? Piensa mal y acertarás, como dice el viejo refrán.

Nexos de la senadora demócrata Dianne Feinstein

Además de la familia Biden, Schweizer hizo hincapié en otros miembros del Gobierno estadounidense, como por ejemplo la senadora Dianne Feinstein (D-California), quien, en el pasado, «defendió al PCCh mientras su esposo, Richard Blum, obtenía ganancias al firmar acuerdos comerciales con empresas chinas».

Tal como señala The Epoch Times en su artículo sobre el libro, en 1994, cuando el Senado de los EEUU contemplaba rescindir el estatus comercial de nación más favorecida con China, la demócrata se opuso, y dijo que tal medida sería «contraproducente» y «avivaría las inseguridades de Beijing».

Según la investigación de Schweizer, Feinstein mantenía un vínculo con el exlíder chino Jiang Zemin, desde que ambos eran alcaldes en San Francisco y Shanghái, respectivamente. Incluso, en aquella época, el diario «Los Angeles Times» publicó que dicho nexo le daba a Blum «acceso al impenetrable sistema político de Pekín».

La posición de la senadora, obviamente, estaba (y sigue estando) clara, a pesar de los tintes de defensa que salieran a la luz en declaraciones hechas por su propio portavoz, en el año 2000. En ese entonces, su vocero dijo que Blum tenía «derecho a hacer negocios y nunca había hecho nada malo».

Sí, ¡cómo no! ¿A quién puede quedarle dudas de que todos se tapan con la misma sábana mientras hacen y deshacen en función de sus intereses? Lástima para ellos que la mentira sea como una bola de nieve, que cuanto más rueda, más grande se vuelve. Al final, todo se sabe, y para muestra, el libro en cuestión.

Silicon Valley y Wall Street

En el apartado referente al mundo de la tecnología, Schweizer puso como ejemplo al fundador de Microsoft, Bill Gates, quien en 2006 fue nombrado por el medio de comunicación estatal chino People’s Daily Online como uno de los 50 extranjeros que dan forma al «desarrollo moderno de China».

Al parecer, Gates es miembro de la Academia China de Ingeniería (CAE, por sus siglas en inglés), lo que, en opinión del connotado escritor, «suena un poco amigable y apolítico», pues, «en realidad, se trata de una organización dirigida por el PCCh, cuyo objetivo es asesorar a su Gobierno sobre política tecnológica».

De acuerdo con el propio «People’s Daily Online», Gates estuvo entre los 18 extranjeros seleccionados por la CAE en 2017 para ser uno de sus miembros vitalicios, o lo que es lo mismo, para “mejorar su estatus en el campo de la ingeniería”, a todas luces, con carácter permanente.

Ahora piensen ustedes: si la propia CAE ha dicho que brinda apoyo científico al plan del régimen «Hecho en China 2025», y que respalda tanto a la estrategia de «Fusión militar-civil» como a la iniciativa de la Ruta de la Seda, ¿qué se puede esperar entonces de alguien, como Gates, que forma parte de sus selectos miembros?

Al igual que sucede con él y otros gurús de Silicon Valley, el investigador aseveró que en Wall Street y hasta en Washington hay demasiados que se hacen los sordos, ciegos y mudos mientras venden “soga” a Beijing, aclarando que por “soga” se entiende tecnología, dinero, inteligencia e, incluso, apoyo político al régimen comunista chino.

Aparte de Bill Gates, Elon Musk, Goldman Sachs, Blackstone, Black Rock, la Asociación Nacional de Baloncesto y hasta la Universidad de Yale, son otros de los que igualmente salieron a relucir en el libro de Schweizer, según informara esta semana «The Guardian».

Sobre la estrategia china

Para el autor, con registros de superventas y que hoy hace titulares por su valiosa investigación, está claro que a China comunista no le importa quiénes sean sus socios o adeptos de este lado.

A ese régimen lo único que le interesa es que aquellos que le defienden en la nación norteamericana cumplan con sus deseos o, más bien, con sus órdenes.

A ellos «no les incumbe si los políticos estadounidenses hablan de los uigures de vez en cuando o dicen que deberíamos tener un boicot diplomático: ellos están bien con eso, siempre que los ayuden en lo que exigen, que es el acceso a las finanzas y a la tecnología estadounidenses, además de algunas otras cosas».

Claro que para ninguno de nosotros es nuevo lo que el régimen chino ha estado haciendo por años en nuestra contra. El propio consultor político así lo ha recordado en la entrevista que le concediera a EpochTV: «Esa es la estrategia que han estado empleando». E, innegablemente, el panorama se pondrá peor.

Según «The Epoch Times», cada 10 horas, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) abre un nuevo caso de contrainteligencia vinculado con China. Súmele a ello el hecho de que en la actualidad el FBI tiene unas 2500 investigaciones activas en todo el país.

En cuanto al robo de nuestra propiedad intelectual, cada año perdemos entre 225.000 millones y 600.000 millones de dólares por ese concepto, tal como reflejan estadísticas suministradas por la Comisión sobre el Robo de Propiedad Intelectual Estadounidense, citadas por la misma fuente.

Así como Schweizer pidió en su libro que EEUU prohíba el cabildeo a empresas vinculadas al Ejército de China comunista, y que nuestra prensa hurgue en la participación de las grandes firmas tecnológicas en el gigante asiático, es hora de que todos aboguemos por la ruptura de cualquier nexo con quien nos desea ver de rodillas.

¿Qué otra investigación tiene que salir a la luz pública para que la actual Administración se ponga el cinturón y actúe? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que los chinos comunistas se rían en nuestras caras y, peor aún, que nuestra gente trabaje, comercie o se relacione con ellos en lugar de darles la espalda?

La palabra de orden aquí es “basta”. Basta ya de sumisión ante los comunistas chinos; basta ya de ayudarles en sus objetivos, directa o indirectamente; basta ya de permitirles sus fechorías, en nuestro suelo y nuestro ciberespacio; basta ya de dejarlos hacer y deshacer en nuestras propias narices. En suma, basta ya de dejarlos ganar.

Sobre el Dr. Rafael Marrero

Multipremiado economista y comentarista de noticias. Graduado de las universidades de Stanford y Cornell, es un reconocido experto en EE.UU. en contratación federal, emprendimiento para pequeñas y medianas empresas y gestión de proyectos. Autor del bestseller de Amazon La salsa secreta del Tío Sam.





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