Vie. Jun 24th, 2022


El presidente Biden, quien se autoproclamó durante su campaña electoral como portavoz de la paz mundial, propone el mayor gasto militar en la historia de Estados Unidos: 813.000 millones de dólares.

El Departamento de Estado recibirá un presupuesto 18% mayor al actual e incrementaría los montos destinados al Banco Mundial, además de la asistencia a Ucrania.

Más de $11.000 millones se destinarían a la seguridad climática internacional junto a una extensa lista de contribuciones hacia el exterior a través de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y otras instituciones. Al tiempo que apenas 33.200 millones serán para combatir la criminalidad e incluye 3.200 millones de dólares para aumentar el número de policías en los departamentos policiales de todo el país, cifras que resultan ínfimas y bastante insuficientes a escala nacional.

Más gastos, menos sensatez

Luego de una campaña de la izquierda y la extrema izquierda en el 2020, respaldada por medios de corte liberal que impulsaban la desarticulación de los departamentos policiales, ahora se piden a los contribuyentes “fondos para reforzar la seguridad pública”. ¿Podría calificarse como contradicciones o estratagemas del Gobierno?

El total de las erogaciones de la nueva propuesta implican [un incremento de 5,7%]respecto al presupuesto del año fiscal en curso, firmado por Biden a principios de este mes.

“Vamos a reducir ‘los déficits’ del expresidente Donald Trump y volver ‘al orden’ en el ámbito fiscal”, manifestó Biden al presentar su propuesta. Se refería a los gastos aprobados de forma bipartidista en el Congreso para enfrentar la peor pandemia en los últimos 100 años, cuando aún no se contaba con tratamientos médicos y bajo el silencio conspirativo y radical de China, la causante del desastre sanitario mundial.

Gracias a las medidas económicas de emergencia implementadas por el gobierno de Trump, EEUU emprendió una recuperación asombrosa, que se frenó con la llegada de la administración Biden después de que revirtiera más del 80% de la estrategia económica del expresidente.

El líder actual de la Casa Blanca retoma nuevamente su camino de excesos financieros emprendido desde el 20 de enero del 2021. Sin embargo, la diferencia ahora en su contra es sumamente aguda.

A su llegada a la mansión blanca de Washington, la inflación era de apenas 1,3%; ahora supera el 8%; la deuda pública estaba por debajo de 28 billones ($4 billones se utilizaron para enfrentar la pandemia) y ahora supera los $30 billones, gracias a la política de gastos del actual gobierno.

La administración Biden imprimió en el 2021 nada más y nada menos que 6 billones de dólares, registrados como la mayor cantidad en la historia del país, lo que explica en parte la nube inflacionaria que padecemos a sólo un año y tres meses de la investidura de Biden.

Insistencia en la subida de impuestos

El costo de vida de los estadounidenses casi se ha triplicado en el último año mientras el gobierno federal se centra en programas a largo plazo, planes hacia el exterior y crea crisis crónicas como Afganistán, la evitable guerra en Ucrania, la frontera sur, la dependencia energética de EEUU, la escasez de productos por falta de empleados y la supeditación a los suministros globales; la inacción durante más de un año ante la escalada de niveles inflacionarios y los mandatos de vacunación obligatoria, entre otras.

El gobierno de Biden regresa a la subida de impuestos para las personas que ganan $400.000 anuales o más. Visto superficialmente parece justo y provechoso, pero cualquier pequeño o mediano empresario sobrepasa esa cantidad.

La propuesta gubernamental de presupuesto para el 2023 prevé un crecimiento de 3,8% para este año y una inflación de 4,7% (2,3% para 2023). Dichas proyecciones se encuentran bastante distantes de la realidad, sin mencionar los efectos del conflicto directo contra Rusia, tras la invasión a Ucrania.

Según los asesores en Washington, los aumentos de impuestos dirigidos a los hogares de mayores ingresos y a las corporaciones, permitirían reunir más de $2,5 billones durante la próxima década. Otro cálculo matemático sobre la cresta de una ola en un océano cada vez más impredecible.

También se añadirá un impuesto con un mínimo de 20% al valor de los activos en los hogares con ingresos superiores a los 100 millones de dólares.

Del mismo modo, se incluye un incremento de 21% a 28% en la tasa a las sociedades o corporaciones, revirtiendo la reducción de Trump en 2017, una iniciativa que fue rechazada por el Congreso en 2021.

«Aunque sus ganancias se dispararon, su inversión en nuestra economía no lo hizo: las exenciones fiscales no llegaron a los trabajadores ni a los consumidores», justificó la Casa Blanca, que recalcó que la nueva tasa sigue siendo la más baja para las grandes empresas desde la Segunda Guerra Mundial, excepto en los años posteriores al recorte impositivo de 2017.

La prensa con tendencia de izquierda ha omitido el acuerdo de Washington con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que establece un impuesto mínimo del 15% para las empresas a nivel mundial, lo que se traduce en que las compañías deberán pagar ahora ese gravamen, por encima de las disposiciones internas en el país.

La administración Biden señala que el proyecto presupuestario contiene medidas adicionales para que las multinacionales que operan en EEUU no puedan usar paraísos fiscales para reducir el impuesto mínimo global.

Ucrania, el pretexto con fines partidistas

Además de los 2.000 millones de dólares enviados en asistencia a Ucrania, sin supervisión en medio de una guerra, el Congreso aprobó otros $13.600 millones como parte del presupuesto con el mismo objetivo.

El desangrado interno del Partido Demócrata con las propuestas de gastos de Biden y la extrema izquierda frente al sector moderado del bando azul no le bastaron a la Casa Blanca en el 2021 e insisten en muchas de las mismas exigencias formuladas y refutadas por el Congreso meses atrás.

Desde hace tiempo, el ala radical del Partido Demócrata pide un impuesto sobre los ingresos de los multimillonarios para “luchar contra la desigualdad”. Sin embargo, economistas independientes y conservadores afirman que es solo un pretexto para justificar las dañinas políticas liberales sin respaldo económico real y fundamentado.

El año pasado se consideró una propuesta similar como parte de las negociaciones del plan «Reconstruir mejor» (Build Back Better), un controversial proyecto de ley de gasto social y ambiental que enfrentó la oposición de los republicanos y los demócratas moderados.

Por tal motivo, la administración Biden en octubre renunció a la estrepitosa alza de impuestos y a la agenda de gastos sociales para tratar de salvar el plan, que finalmente quedó sin efecto y estancado en el Senado por las propias divisiones entre los demócratas.

Despilfarro, el factor común del presupuesto de Biden

La Casa Blanca vuelve a la carga con casi una copia del proyecto de derroche anterior, pero ahora con el pretexto del gasto en defensa por el exacerbado y manipulado “peligro de Rusia” para EEUU; parte de un guión preconcebido de la invasión rusa y, por supuesto, llevado a escena por los grandes medios de izquierda en todo el mundo.

En este nuevo plan presupuestario hay una extensa lista de fuga de dinero hacia Organizaciones No Gubernamentales (ONG), entidades extranjeras y gobiernos que reciben el apoyo de EEUU, en cuanto llega a Washington la plataforma de la izquierda. Los temas van desde la identidad de género hasta la moda de lo “inclusivo”, como parte del folclore socialista de la agenda 2030 para un “Desarrollo Sostenible”.

Ucrania, como muchos analistas pronosticaron, se convirtió en el mejor tema de distracción de las crisis creadas por la Casa Blanca en EEUU y en el pretexto perfecto para pedir más dinero en aras de financiar lo que la extrema izquierda no pudo lograr con el plan de presupuesto del 2022.

A partir de ahora, cualquier propuesta que se haga llevará incluida la crisis en Ucrania y el apoyo de EEUU a la Organización del Atlántico Norte (OTAN), una estrategia demócrata y de su ala radical de izquierda, articulada esta vez de cara a las elecciones legislativas en noviembre.

lmorales@diariolasamericas.com





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