Lun. Jun 27th, 2022


Después de haber entrenado a los ‘Contra’ en Centroamérica en la década de los 80 e impedir así la expansión del sandinismo que contaba con el respaldo y asesoramiento directo de Fidel Castro y su régimen desde la Habana, en 1990 Prado fue enviado a Filipinas para luchar contra los maoístas del Nuevo Ejército del Pueblo (NPA), el brazo armado del Partido Comunista de Filipinas.

En ese momento la presidente era María Corazón Aquino y la NPA se encargaba de realizar atentados contra funcionarios del gobierno filipino y de la embajada estadounidense en ese país.

«Cuando me ofrecieron el puesto en las Filipinas, [ese] fue mi primer nombramiento como mediador e instructor oficial. Era oficial de la CIA declarado ante el Gobierno de Filipinas, los militares y el servicio de Inteligencia de ese país para ayudarlos con nuestras instrucciones, liderazgo y logística, y así combatir no sólo al NPA, sino también al grupo terrorista ABU SAYYAF, que operaba en Mindanao».

«Fue un trabajo emocionante porque viajé adonde los filipinos nunca habían ido (son 7.000 islas con dialectos diferentes). Fue también un viaje muy interesante, pero hubo dos veces que casi pierdo la vida. La más peligrosa ocurrió cuando fuimos a Samar».

«En esos pueblos hay bares que venden comida. Tomábamos una cerveza y cuando salimos miré a la izquierda y había tres de los llamados «sparrows» (integrantes del NPA), que cargan una pistola calibre 45 activada y lista para disparar con la mano izquierda escondida. Disparan sin piedad y se van. A uno de ellos lo capturaron e hizo el video recreado. Es imponente».

«La lección que aprendí es que estar atentos es mucho más importante que sacar rápido un arma. Eso fue lo que les enseñé a mis subordinados por muchos años: saber dónde estás, cuál es el ambiente, qué peligros pueden existir y cómo hacer planes en tu mente por adelantado para poder reaccionar a las sorpresas».

Corea del Norte

En la década de los 90, Prado también fue a trabajar a Corea del Norte con el famoso jefe de la estación CIA a quien se le conocía con el sobrenombre de “King Ralph”.

«‘King Ralph’ era como un niño travieso; era fuerte, un genio en nuestro giro, pero con una personalidad problemática. Es uno de mis amigos. Estuvo cuatro años en Corea del Norte. En los primeros dos años, trabajé con nuestros aliados y tuvimos grandes éxitos operacionales».

«Después, en 1998, “King Ralph” se convirtió en el jefe de la división de Asia y me dijo: “Debes regresar a la lucha contra el terrorismo”, y me asignó a ambas Coreas. Esa fue la oportunidad que tuve no sólo para correr el programa norcoreano, sino para ser su representante de la CIA ante el Nacional Security Council».

«Fue una expansión de mi experiencia. [Salí] de mi zona de confort. Fue la primera vez que hablé en teleconferencia secreta con los líderes de cada agencia.

Aunque Prado había vivido hasta entonces experiencias extremas, una de las misiones más importantes de su carrera llegó cuando formó parte del equipo que comenzó a rastrear el paradero de Osama Bin Laden.

«Regresé al Centro contra el Terrorismo (CTC, por sus siglas en inglés). El jefe de operaciones del CTC me llamó y me dijo: “Queremos que seas el número dos de una estación nueva que se va a crear para seguir a una persona”.

RIC PRADO CIA CORTESIA DE RIC

Ric Prado junto al Sargento Mayor de las Fuerzas Especiales, Billy Waugh, el hombre que ubicó y rastreó al terrorista Osama Bin Laden.

Ric Prado junto al Sargento Mayor de las Fuerzas Especiales, Billy Waugh, el hombre que ubicó y rastreó al terrorista Osama Bin Laden.

“Claro que acepto, pero ¿a quién vamos a buscar?”, pregunté. “A Osama Bin Laden”, fue la repuesta.

Prado confiesa que ese momento no tenía idea de quién era Osama Bin Laden, “como la mayoría de la gente”.

“Fue una etapa intensa, porque en menos de dos o tres meses ya sabíamos dónde estaba y teníamos mucha información de inteligencia sobre lo que hacía», rememora Prado.

«Estaba en Khartoum, Sudán. Nuestro agente Billy Waugh corría alrededor del campamento. [Osama Bin Laden] salía sin guardaespaldas. Los guardaespaldas que tenía eran combatientes. No eran niños de colegio, pero tampoco tenían un entrenamiento avanzado. Para nosotros hubiera sido fácil entrar con un grupo como el Delta —o los mismos expertos de la agencia, porque tenemos nuestras propias fuerzas especiales— y haberlo capturado en ese momento».

«Hubiera sido un gran alivio porque si hubiéramos hecho eso, se habría evitado lo de la bomba que le pusieron al barco Cole; [tampoco habrían ocurrido los atentados] a las dos embajadas en África [ni los ataques del 9/11]. Todo eso fue creación de Osama Bin Laden».

Prado estuvo al frente del contraataque de EEUU a Al Qaeda después de los atentados contra las torres gemelas en Nueva York. «En ese momento, había ascendido a jefe de operaciones del CTC que, para una persona de mi historia, se trataba del mejor puesto que pudiera haber en el mundo. Era un título muy prestigioso, pero también podía poner las manos en las operaciones. El impacto fue inmediato, obviamente».

«Había diferentes opiniones de quién había hecho [el atentado]. La estación que se ocupaba de Bin Laden estaba convencida de que había sido el connotado terrorista, pero la gente encargada de Hezbollah creía que podía haber sido esa organización terrorista. Antes del 9/11, Hezbollah era el que había asesinado a más estadounidenses».

«Siempre les he inculcado a mis colegas que uno no puede juzgar la mentalidad del enemigo por la nuestra. Las cosas que el enemigo está dispuesto a hacer son cosas que yo jamás haría. Tratas con gente sumamente peligrosa y traicionera.

Después del 9/11

“Los primeros tres días luego del 9/11, dormí en mi oficina. Siempre tenía un traje limpio detrás de la puerta por si algo pasaba; lo usé varias veces en esos días, dormía en el piso y me bañaba en un gimnasio», rememora.

Entre los actos heroicos y sacrificios que Prado evoca de esos años figura el recuerdo de una colega que encontró trabajando a altas horas de la noche, a pesar de un avanzado embarazo de ocho meses.

“Buscaba pruebas que nos permitieran estar convencidos de si los ataques del 11 de septiembre habían sido responsabilidad de Bin Laden o si se trataba de una acción de Hezbollah”.

MEDALLAS DE RIC PRADO.jpg CORTESIA DE RIC PRADO 2022

Condecoraciones de Ric Prado, entre las que se encuentran la Medalla a la excelencia en el antiterrorismo; la más alta condecoración a un oficial de la CIA (Medalla por la carrera distinguida de Inteligencia) y la recibida por más de 24 años de servicio en la CIA.

Condecoraciones de Ric Prado, entre las que se encuentran la Medalla a la excelencia en el antiterrorismo; la más alta condecoración a un oficial de la CIA (Medalla por la carrera distinguida de Inteligencia) y la recibida por más de 24 años de servicio en la CIA.

CORTESIA DE RIC PRADO- 2022

Prado recuerda que tras los ataques del 9/11, el Centro contra el Terrorismo se duplicó o triplicó en menos de 30 días. “La cantidad de analistas que nos dieron fue increíble. Esa fue una de las cosas que me ayudó, pero lo que más me abrió los ojos empezó con el terrorismo en Latinoamérica. Ya conocía la vulnerabilidad de los terroristas».

“La primera reacción fue llamar a Hank Crumpton, porque pensamos que iba a ser la persona indicada para enfocar nuestra presencia en Afganistán. Se creó un grupo de operaciones, se trajeron personas de Delta que se unieron a nuestra propia gente. Poco tiempo después, hablé con Cofer Black, el director de la agencia del CTC en ese momento, y le comenté: “Mire, estamos haciendo mucho daño a los terroristas en Afganistán, pero fíjese en la cantidad de musulmanes radicales que hay por todo el mundo trabajando bajo protección de los gobiernos de esos países. Nosotros tenemos que atacar a esos flancos”.

“Me preguntó como lo haríamos, le expliqué: ‘la cabeza de una organización es muy difícil de erradicar, porque la cortas y salen dos”, le dije. Mi objetivo era ‘la barriga expuesta del terrorismo’, que son los aparatos de apoyo, la gente que ayuda a los grupos terroristas a pasar las órdenes, los pasaportes, alquilar las casas, buscar los médicos, todas esas cosas que involucran una presencia pública».

«Entonces, diseñé un programa que era [para] identificar a esa gente. [Pedí] que me dieran 30 objetivos con los que pudiéramos empezar a averiguar su vida cotidiana: qué carros usaban, dónde vivían, adónde iban, qué parejas o amigos tenían, qué rutas tomaban para ir a un lugar…etc.»

«Lo que proponía al principio era ponerles ‘explosivos’ inertes en el maletero o baúl de sus vehículos para [contaminar el carro, que se contaminaran las manos] y que alguien llamara para que viniera la policía y los llevara presos. Iban a salir en libertad en unos meses, pero el golpe para desestabilizar esos apoyos ya estaba hecho».

«Antes del 9/11, sabíamos que Osama Bin Laden y Al Qaeda planificaban algo grande, pero no sabíamos lo que era. Si hubiéramos tenido este programa antes [de los ataques], a lo mejor hubiéramos podido neutralizarlos, porque si hay inteligencia que compromete a un grupo terrorista, entonces ponemos en alerta a sus generales, los neutralizamos de una forma u otra y se le pone freno a cualquier operación que planifican, debido a que creerán que ya están descubiertos».

«En 2009, salió a la luz un programa al que caracterizaron como un ‘grupo de matones’, y nada podía ser más diferente de lo que nosotros habíamos planificado. Era un programa de inteligencia para implementar algo rápido. Como la agencia del país más poderoso del mundo, debíamos tenerlo entre nuestras herramientas. Al final de mi carrera, entendí que no llevar ese programa especial a la realidad, fue miopía. En un futuro, nos habría posibilitado interceptar e interrumpir planes e intenciones de los terroristas».

El retiro

Tras un cuarto de vida trabajando para la CIA, Prado se retiró en 2004. Admite que fue difícil despedirse de lo que fue como su hogar durante tanto tiempo.

«Imagínate, tengo 71 años y llevo 51 metido en esto. Entré al Ejército en 1971. Esa larga época de servicio… y de pronto, cuando llegué a mi casa el último día tras entregar mi carné, estaba afligido. Me senté en el patio con una botella de vino y un tabaco y me puse a pensar que no podía degradar a la agencia o despreciarla. Hubo experiencias malas, no terminó exactamente como hubiese querido, pero no podía desechar 24 años».

Recuerda que como en una especie de rito, se bebió la botella de vino y fumó el puro completo. Comenzó con sus memorias desde los Contras y se detuvo en cada paso que dio.

“Lo bueno lo veía como una bolita de cristal y lo ponía en una jarra. Lo malo, lo veía como una bolita negra y lo echaba a la basura. Cuando terminé ese rito, que me tomó como dos horas, me sentí muy bien porque reconocí todo lo que pude hacer, con quién trabajé y el impacto que tuvimos colectivamente durante los años en la CIA.

Bestseller de Ric Prado cortesía de Ric Prado 2022

Libro de Ric Prado,

Libro de Ric Prado, «Operaciones encubiertas: la vida en la sombra de un guerrero de la CIA»

cortesia de Ric Prado- 2022

Acerca de la idea de publicar su libro Black Ops, The life of a CIA shadow warrior (Operaciones encubiertas: la vida en la sombra de un guerrero de la CIA), convertido en bestseller en apenas un mes, Prado reflexiona: “nunca pensé en escribirlo, pero Cofer Black siempre estaba encima de mí para que lo hiciera. “Tienes que escribir un libro, por tu historia, tu trayectoria, eres cubano, etcétera.

Además, “siempre me ha molestado cómo Hollywood muestra mi agencia. Mi agencia tiene la peor reputación, porque nuestros secretos son éxitos y no los podemos divulgar».

«[Además], tenemos 137 estrellas en nuestra pared de honor, que son 137 personas que dieron sus vidas por este país. Esos héroes anónimos merecen una mejor apreciación pública y no la infame reputación que Hollywood le da a la CIA».

«Por eso tenía una deuda con ellos. Es lo que espero cumplir y ya he recibido el halago de mucha gente que sí concuerda con el libro en que nosotros hacemos operaciones increíbles; operaciones que muy pocas organizaciones cumplen, llevadas a cabo por gente de alta moral, con educación, entrenamiento y dedicación».

Prado asegura que con su libro también intenta esclarecer algunos conceptos -sobre todo- entre los jóvenes.

«El problema que tenemos en EEUU es que no reconocemos lo bien que vivimos, no tenemos con qué compararlo. Las personas como nosotros, que supimos cuál es la alternativa, apreciamos a este país mucho más».

Mucha gente no valora lo que tiene, ni lo aprecia. Entonces habría que inculcarles que el árbol de la libertad necesita agua, sacrificios y atención; que cada ciudadano americano tiene el deber de servir de alguna forma, pues todos poseemos una deuda de honor con nuestros antecesores; quienes se sacrificaron antes que nosotros. [Definitivamente], debemos preparar a las próximas generaciones lo más posible, porque los retos van a continuar”.

Especial

rafael@rafaelmarrero.com





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